El crecimiento espiritual a través de la Palabra.

Fundamento Bíblico: Salmo cap. 119 vers. 105 / Salmo cap. 119 vers. 145 al 152 / 1ª Pedro cap. 1 vers. 22 al 25 /1ª Pedro cap. 2 vers. 1 al 3 / Lucas cap. 8 vers. 4 al 15.

Este estudio surge  a partir de una reflexión que constituye una verdad importante; el estudio de la Palabra de Dios y la aplicación de sus verdades a la vida son necesarios para el crecimiento espiritual.

Introducción al estudio bíblico.

No hay crecimiento sin antes haber “nacimiento” y proveer el alimento necesario para que este se produzca. Cuando un ser vivo nace tiene que alimentarse y aplicarse una serie de cuidados en el tiempo para que el crezca y se desarrolle hasta llegar a su nivel optimo de madurez. Estas condiciones son menos o más complejas dependiendo de la del ser vivo; sea planta, sea animal o una persona. En la persona se tienen que cuidar las mismas condiciones; alimento para su desarrollo físico (vitaminas, proteínas, grasas, etc.), cuidados sanitarios y alimento para su desarrollo psíquico (educación, formación para el desarrollo emocional y social, etc.) pero además y a diferencia de los animales, por su dimensión espiritual (la persona es un ser creado tridimensionalmente;  con un cuerpo, un alma y un espíritu –Génesis cap. 2 vers. 7- que forman una unidad indisoluble mientras está vivo materialmente  y que a su muerte natural cada una de estas dimensiones dejan de conformar esta unidad. Dice “la Palabra de Dios que el cuerpo vuelve al polvo de donde salió y el espíritu vuelve a Dios quién lo dio -Génesis cap. 3 vers. 19 y Eclesiastés cap. 12 vers.7″ y su alma puede alcanzar la presencia de Dios -la vida eterna- o la no presencia de Dios para siempre), precisa de un “nacimiento espiritual” y el alimento y cuidados espirituales. Y la principal fuente de alimento espiritual está en la Palabra de Dios y la base de los cuidados para ese crecimiento está en la aplicación de sus “principios y doctrina” a nuestras vidas.

La Palabra de Dios es vital para el crecimiento espiritual. Todo creyente debe saber lo que dice la Palabra de Dios y vivir su mensaje. Estos principios deben dar forma al pensamiento de creyente constituyéndose en los “valores” fundamentales de la personalidad del creyente que deben influir en sus actitudes y acciones.

 Estudio bíblico:

Tres son los aspectos que hay que considerar para el crecimiento espiritual a través de la Palabra:

  1. El anhelo de la Palabra
  2. La meditación de la Palabra
  3. El cumplimiento y aplicación a nuestra vida

El anhelo de la Palabra

          El Salmo 19 nos muestra un ejemplo de anhelo por la palabra de Dios. El los versículos del 9 al 18 el salmista nos muestra su anhelo en la Palabra con el objetivo de alcanzar una vida limpia y de santidad de acuerdo a la voluntad de Dios, es decir, por medio del crecimiento espiritual.

Vemos al salmista hablando consigo mismo; pero como preguntándole a Dios: ¿Cómo podrá el joven llevar una vida limpia?

Y más tarde se responde; como si Dios le respondiera: ¡Viviendo conforme a tu palabra!

          Trata de representar a Dios su interés y anhelo persiguiendo la respuesta y bendición de Dios:

Yo te busco de todo corazón;

No dejes que me aparte de tus mandamientos.

He guardado tus palabras en mi corazón para no pecar contra ti.

¡Bendito tú, Señor!

¡Enséñame tus leyes!

Con mis labios contaré todos los decretos que pronuncies.

Me alegraré en el camino de tus mandatos, más que en todas las riquezas.

Meditaré en tus preceptos y pondré mi atención a tus caminos.

Me alegraré con tus leyes

Y no me olvidaré de tu palabra.

¡Concede vida a este siervo tuyo!

Obedeceré tu palabra

Abre mis ojos, para que contemple las maravillas de tu enseñanza

La Palabra de Dios nos da vida

1ª de Pedro cap. 1 versículos del 22 al 25, nos revelan tres cualidades de la Palabra de Dios que nos motivan a su anhelo– vamos a leerlos-,

  1. La palabra de Dios transforma.
  2. La Palabra de Dios purifica.
  3. La palabra de Dios permanece.

Tras la conversión nos transformamos en nuevas criaturas y casi todos podemos ver en la Palabra de Dios la raíz de esta experiencia; quizás unos al escuchar una predicación de la Palabra, otros al leer alguna porción de ella, etc., Es decir, la Palabra de Dios siempre están presentes, de una u otra manera, en la redención del pecador.

Pedro, nos viene a decir que una vez “nacidos de nuevo”, la Palabra de Dios no adulterada es el alimento espiritual necesario para la purificación del creyente en su crecimiento espiritual para la salvación, así como la leche no adulterada es el alimento necesario y completo para el crecimiento de un bebe. La Palabra de Dios pone al descubierto el pecado y nos dice la voluntad de Dios (Romanos Cap. 8 vers. 3 y 4: Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.) Cuando nosotros atesoramos la palabra en nuestro interior nos fortalecemos y desarrollamos el poder necesario para resistir las tentaciones (Hemos leído en el Salmo 119 vers.11; En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.)

Y la tercera cualidad, hace referencia a la permanencia y vigencia de la palabra. Todo libro, por muy “bet seller” que haya sido y por muy perdurable que haya sido leído desde su creación, siempre le llega un momento que deja de tener actualidad, por muy importante que sea su contenido. Siempre aparece otro que invalida su contenido, o al menos, lo complementa, haciendo que pierda vigencia. No sucede así con la palabra de Dios. En ella misma se puede leer: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán Mateo cap. 24 vers. 35 / 1ª Pedro cap. 1 vers. 25).

Sí que es verdad que el estudio y la meditación de la Palabra requiere tiempo y dedicación, pero los resultados y beneficios son eternos.

  • La Palabra de Dios nos ayuda a crecer

En 1ª de Pedro cap. 2 vers. 1 al 3, el apóstol nos presenta los aspectos prácticos de estas tres cualidades citadas antes –leer la cita bíblica-

  • En primer lugar nos exhorta al arrepentimiento de nuestras actitudes y palabras que decimos que son contrarias a la voluntad de Dios y que no armonizan con nuestra nueva vida como creyentes.
  • Nos ayuda a enfrentar las deficiencias frecuente del carácter humano,  a vivir en santidad y a experimentar las maravillas de nuestra relación con Él. La vida en santidad deja de ser sólo una idea o ilusión cuando tenemos la seguridad de la bondad de Dios para con nosotros.

La Meditación en la Palabra de Dios

  • Dedicar tiempo a la lectura y meditación de la palabra

Quizás hemos escuchado más de una vez estas frases: “Es que…después de todo el día de ajetreo, trabajo, cuidar a los niños, etc., no me queda tiempo para leer y estudiar la Biblia”

Y es verdad, es que todo contenido escrito precisa de un tiempo en su lectura y estudio, si se quiere conocer y obtener un provecho de él.

Y el contenido de la Palabra de Dios, recogido en las Sagradas Escrituras, no es diferente,  requiere un “tiempo”  que hay que dedicarle y en unas “condiciones idóneas” para su lectura y  meditación. Nadie alcanza su conocimiento y el beneficio del crecimiento espiritual por “inspiración”, sin más.

¿Cuál es la diferencia entre leer y meditar?

Leer (del latín legere) es el proceso de percibir y comprender escritura, ya sea mediante la vista o el tacto (Braile).

La meditación (del latín meditat?o, -?nis) describe la práctica de un estado de atención concentrada, sobre un objeto externo, pensamiento, la propia consciencia, o el propio estado de concentración.

Es decir hay unas diferencias muy marcadas entre leer y meditar, y ambos procesos han de darse cuando nos disponemos a aprender el contenido de un texto.

En el caso concreto de la palabra de Dios, para su lectura tiene que darse unas condiciones especiales de receptividad y anhelo de acercarse a ella y para su meditación tienen que estar presentes unos componentes, como son; el estudio, la fe y la oración. De lo contrario se puede caer en desaliento, aburrimiento y cansancio en su lectura o estar perdiendo el tiempo.

En el Salmo cap. 119 vers. 145 al 148 el salmista nos dice que él está dispuesto a dedicar todo el tiempo necesario (vers. 145) a lo que él considera de sumo valor: la búsqueda de Dios. ¿Y dónde se puede buscar a Dios si no es en su Palabra?  Ahí es donde Él revela su identidad, lo que Él quiere respecto de nosotros. Ahí están las claves de la salvación. Ahí está revelado todo cuanto el creyente necesita para su vida de santidad.

– Vamos a leer Salmo 119 vers. 145-148-

Dice el salmista que él, por las mañanas busca a Dios y por la noche medita en su Palabra.

¿Qué quiere decir esto; que hay un momento del día o método mejor que otro para meditar en la Palabra de Dios?

De ninguna manera; el momento del día y el método no es tan importante como el hecho de que realmente se haga el estudio y la meditación.

Es verdad, que como en todo estudio; hay rutinas y condiciones que favorecen el estudio o la meditación; por ejemplo un lugar con buena luz, que ofrezca tranquilidad, libre de ruidos estridentes, con temperatura ambiente agradable y un ropaje cómodo,  facilitan el estudio y la meditación, ya que la persona se encuentra confortable y esto evita el cansancio. También disponer de los medios para la lectura y la meditación cerca de donde uno se ubica para el estudio  (Biblia, elementos para escribir, ordenador, libros afines de consulta, etc.) para evitar la distracción y facilitar la concentración.

Sin embargo, lo que más vale y tiene peso a la hora de leer y meditar en la palabra de Dios es el “valor” que nosotros le asignemos a ella. Generalmente la persona tiende a distribuir y disponer el orden de dedicación de su tiempo en función del valor que asigna a los asuntos o cosas dándole prioridad y mayor dedicación a aquellos que mayor valor le asigna. De hecho la misma Palabra de Dios dice que Allí donde este tu tesoro estará tu corazón -Mateo cap. 6 vers. 21″. Así pues, dependiendo del “valor” que se le asigna a la Palabra de Dios como un tesoro propio, será el interés por estudiar y meditar en ella y el tiempo dedicado al estudio y a la meditación.

Por lo tanto, el creyente debe pedir a Dios que le haga sentir apetito por su Palabra; necesidad de estudiarla y meditar en ella, porque ello será usar sabiamente el tiempo.

Los beneficios del estudio de la Palabra

¿En qué sentido el estudio y la meditación de la Palabra de Dios equivale a usar sabiamente nuestro tiempo?

El Salmo cap. 119 vers. 149 al 152 nos da la respuesta –vamos a leerlo-

Nosotros podemos hacer como el salmista; poner en un platillo de la balanza el tiempo que dedicamos al estudio y la meditación de la Palabra de Dios y en el otro platillo sus beneficios. El salmista, que era un hombre de fe y confiaba en las promesas de Dios, fue encontrando en ella que Dios amaba y cuidaba de quienes eran de su Pueblo. Confiando en que Dios escucharía con amor su oración, estaba dispuesto a dedicar todo el tiempo necesario a su Palabra.

Quizás en alguna ocasión surge la pregunta ¿vale la pena dedicar tiempo a leer y estudiar la palabra de Dios?

Bueno, hay que considerar que la Palabra de Dios nos revela el amor que nos tiene y a través de su estudio desarrollamos nuestra disposición  para ver la grandeza del amor de Dios para con nosotros.

De hecho, el salmista, en medio de la oposición y la adversidad, encontró consuelo al pensar que Dios estaba cerca de Él y que su Palabra es fiel y verdadera (vv 150 y 151) y Dios cumple su Palabra y además tiene el valor de la vigencia, es decir, su verdad siempre está de actualidad (Mateo cap. 24 vers. 35 dice: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán)

Conocer y tener la experiencia del cumplimiento de su Palabra es muy importante para valorar su contenido.

Recibir y obedecer la Palabra

Jesús explicó la actitud que la gente tiene hacia la Palabra de Dios mediante la Parábola del Sembrador. Ya sabéis que Jesús utilizaba mucho esta herramienta lingüística para enseñar a la gente.

Evidentemente, yo no voy a enseñar mejor ni más de lo que recoge Lucas cap. 8 vers. 4 al 15 sobre la parábola que expuso. Vamos a leerla fijándonos lo que nos refiere sobre la actitud de la gente ante la Palabra, representada en la “semilla” –leerla-

Hemos visto aquí representadas 4 actitudes que las personas suelen tener ante la Palabra de Dios;

En 3 de ellas la semilla no dio su fruto esperado, por diversos motivos:

-      junto al camino. Terreno duro y pisoteado.

  ¿Se puede esperar que la semilla que cae en este tipo de terreno florezca?

Probablemente  el evangelio que llega a corazones duros y cerrados se pierda y su propósito se frustre, aunque existe posibilidad de lo contrario.  Sin embargo,  la enseñanza bíblica es que el evangelio que cae en una persona que no permite que su poder penetre en él, no va a dar el fruto deseado porque el diablo quita de su corazón la Palabra. Esto es una advertencia a quienes no creen en la Palabra de Dios o se burlan de ella, porque su incredulidad les puede costar la vida eterna.

-      pedregales

Un pedregal es una zona del campo, donde además de tierra hay muchas piedras, e incluso la capa de abajo es rocosa y pedregosa

Lo que sucede con la semilla que cae en pedregales es que cuando llega su tiempo, este tipo de terreno suele recibir el agua y las condiciones suficientes para hacer germinar la semilla y crecer la planta,  ¡pero!…., la cantidad de tierra no es insuficiente para que la planta desarrolle las raíces necesarias que le permita crecer.

Esto mismo sucede en las personas con corazones pedregosos con relación a la Palabra. Lo reciben, pero no hay una disposición propicia para que germine. Normalmente, tienen que ser más convencidos,….” lo tengo que entender mejor… hay partes del evangelio que sí entiendo, pero otras, no sé me parece que se contradicen, etc.  En definitiva, cuando vienen las pruebas esa gozosa expectativa inicial desaparece.

-        entre espinos.

      La maleza y los espinos, terminan ahogando y destruyendo la planta.

Eso mismo pasa a aquellas personas que reciben la semilla del evangelio y permiten que su poder  penetre en ellos, pero a pesar de hacerse manifiesto, siguen comprometidos con el mundo y no se apartan de todo aquello que era contrario y anterior a esta nueva manera de vivir. Comparten las experiencias del evangelio conjuntamente con las experiencias de las viejas tradiciones, costumbres, formas de vivir, etc. Al final éstas terminan destruyendo todo el bien que en un momento germinó en ellos.  “No se puede servir a dos señores….”. La prioridad y el afán por lo material ahogan el evangelio que pudiera haber empezado a florecer.

-        en buena tierra.

Cuando la semilla cae en buena tierra, florece y da su fruto.

Lo mismo ocurre en la persona que recibe la semilla del evangelio y le prepara un lugar propicio en su persona y le dispensa los cuidados que merece. Luego esa semilla nos regala con lo mejor de sus frutos.

¿Cómo podemos saber a qué tipo de terreno podemos compararnos?

En esta evaluación no solo tenemos que contemplar nuestros deseos e intenciones, sino también nuestras prácticas. Hay que mirar al interior de nuestro corazón con la ayuda del Espíritu Santo, porque sólo él sabe realmente lo que hay en nuestro corazón y también podemos considerar las referencias que encontramos en Tito cap. 1, si nos parecemos :

* Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.

* Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, 8 sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, 9 retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen.

¿Qué podemos hacer para recibir y guardar la Palabra de Dios en vuestro corazón?

Pues a saber, tres cosas podemos hacer:

Oír la Palabra, es decir, prestar atención cuando se lee y se estudia para reconocer lo que Dios nos quiere decir con ella.

Retener la Palabra, es decir, obedecerla con nuestros pensamientos, palabras y obras.

Adoptarla como cimientos de nuestra vida.

R.Raja 20120313.

Leave a Reply

 

 

 

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>