amor al prójimo

Estudio bíblico: El amor al prójimo
Fundamento bíblico: Mateo cap. 22 vers. 36 al 40 / Romanos cap. 12 vers. 9 al 21; cap. 13 vers. 8 al 20 y cap. 14 vers. 1 al 7.
Nota: te sugiero que tengas a mano una biblia para poder seguir las lecturas bíblicas que se citan para tener una mejor comprensión del estudio.
Introducción.
 En el Éxodo cap. 20 vers. 12 al 17 podemos encontrar los Diez Mandamientos, es decir, la ley de Dios y la honra al prójimo, donde podemos destacar en relación con el prójimo los vers. 16 y 17.
 En Levítico cap. 19 vers. 9 al 18 podemos encontrar el trato que debemos disponer para con el prójimo, como Dios quiere y así nos lo dice, mandatos que ninguno de ellos tiene desperdicio.
¡Hay como nos iría en el mundo si nos dejáramos guiar por los mandatos del Señor!
Los proverbios que encontramos en los versículos del 27 al 35 del capítulo 3 apelan al trato justo hacia los demás.
 ¿Cómo es posible que con tanta inteligencia como ha sido capaz el ser humano de desarrollar desde su creación hasta nuestros días no haya podido encontrar aún la forma de “hacer justicia” de veras, cuando tanto tiempo ha tenido a mano estos proverbios?
 Pero es Mateo en su cap. 5 vers. 43 al 48 quién nos presente un nuevo ingrediente en esto del trato al prójimo. La expresión del más alto sentimiento de amor al prójimo por excelencia. Mateo nos presenta en este pasaje el revolucionario mandamiento de Jesús de “amar al enemigo”.
 En Lucas cap. 10 vers. 29 al 37 podemos encontrar una clara definición de quién es nuestro prójimo y un ejemplo y buena lección para poner en práctica de lo que es “amar al prójimo” y en este caso al “enemigo”; pues judíos y samaritanos se consideraban enemigos por naturaleza.
 Y es Juan quien nos dice que el amor es imprescindible. La persona necesita a Dios y Dios es amor (1ª Juan cap. 4 vers. 16 al 21) 
 Vamos a guiarnos en el desarrollo del tema por los apartados siguientes:
Amar al prójimo.
La otra cara del primer mandamiento
Vamos a leer en Mateo cap. 22 los versículos del 36 al 40.
 Ya, por aquellos entonces, a los que se refiere en pasaje que hemos leído, los líderes judíos trataban de buscar excusas para poder acosar a Jesús y apresarlo. Muy astutamente le hicieron esta pregunta, con la intención de comprometer a Jesús y encontrar el motivo para enemistarlo con el pueblo, puesto que los maestros judíos enseñaban que en el libro sagrado había 613 leyes, todas ellas en la misma obligatoriedad de cumplimiento.
 Jesús, más entendido y astuto que los líderes judíos resumió toda la ley que ellos tenían en un solo mandamiento como hemos leído.
Si tuviéramos que responder a ¿qué es lo más importante para mí?
Quizás, cada uno dirá cosas diferentes de lo que es más importante para él; puede ser la familia, la amistad, el trabajo, los estudios…. pero en realidad sólo hay dos cosas que constituyen lo más importante y en este orden: la primera es amar a Dios sobre todo, la segunda es amar al prójimo como a uno mismo.
 Amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a uno mismo guarda un paralelismo como las dos caras de un billete, donde hay una cara  donde suele estar la imagen principal que suele ser la del monarca, primer gobernante  u otra insignia identificativa y representativa del país y otra cara donde la imagen es secundaria y que hace alusión a un paisaje, identidad cultural, etc.; visualicemos un billete que tengamos a mano.
¿Qué pasaría si un billete presenta por una cara toda su perfecta imagen del billete, mientras que por la otra sólo se ve el color blanco del papel o una imagen imperfecta o defectuosa?
¿tú lo aceptarías?
Casi seguro que no. Si se te dan en un banco o un comercio, seguro que lo devuelves y pides que te lo cambien por otro que tenga la imagen perfecta del billete por las dos caras. ¿Verdad? Yo sí lo haría y de hecho me ha sucedido de darme un billete roto o defectuoso y he pedido que me lo cambien por otro en mejores condiciones.
¿Por qué no se aceptaría un billete así?
 Creo que porque no vale, porque es un billete que se puede considerar falso, no auténtico.
 Pues verás, eso mismo pasa con el “amor a Dios y el amor al prójimo”; que no se puede amar a Dios y no amar al prójimo, e incluso al “enemigo”, porque al fin y al cabo, Jesús no vino a decir nada incoherente; el prójimo puede ser amigo o enemigo y Jesús lo que vino a mandar fue “ama a tu prójimo…”
 Volviendo al símil de billete; si amar a Dios, lo consideramos en el ejemplo la  cara principal del billete, el amar al prójimo sería la cara secundaria. Y, como el caso del billete, si tenemos solo una cara el billete no vale, puede considerarse falso, no auténtico. No puede ser no amar al prójimo y amar a Dios y viceversa.
 Sí, es cierto, que podemos citar casos de quienes muestran un “amor” a los demás y por otra parte se definen como ateos o no creyentes en Dios. Bueno, quizás sea posible que se den éstos, pero en todo caso esos comportamientos y actitudes para con los demás no están a la otra cara del amor de Dios, sino que pueden estar promovidos por otro tipo de intereses, más bien humanos (reconocimiento social, apaciguar la conciencia, respuesta a modelos y educación cívica, etc.) y no por la motivación y obra del Espíritu Santo.
Y es que si se para uno un poquito a pensar esto; Es imposible amar a Dios y no al prójimo y quien dice que ama a Dios y no ama a su prójimo es mentiroso (1ª Juan 4 vers. 20)
 El amor que mostramos a los demás en la manifestación evidente de cómo amamos a Dios. (1ª Juan cap. 5 vers. 2)
El amor y el cumplimiento de la ley
Vamos a leer en esta ocasión en Romanos cap. 13 vers. 8 al 10.
 Cuando Jesús enunció que el “Amar a Dios sobre todo y al prójimo como a uno mismo” constituía toda la ley y los profetas, estaba transmitiendo que los mandamientos de Dios tienen una esencia que va más allá de la mera prohibición que expresan, son más bien expresiones de amor hacia Dios y hacia los demás. Porque una persona podría esforzarse y mantenerse alejado de todo aquello que prohíben y sin embargo, con todo no llegar a alcanzar el nivel de bondad que la Ley pretende. El amor exige un esfuerzo deliberado y nuestra voluntad debe estar centrada en una actitud positiva y amorosa en el cumplimiento de los mandamientos de Dios y no tanto en el cumplimiento de las prohibiciones que expresa. Esta expresión de “amor” que se tiene que evidenciar en el cumplimiento de los mandamientos de Dios queda claramente expresada en el resumen que hizo Jesús.
 El Apóstol Pablo, en este pasaje que hemos leído nos refiere que el cristiano siempre es deudor del amor a los demás. Esta deuda nunca se consigue saldar por completo. Él mismo cita a los Diez mandamientos  para demostrar lo que significa “amar al prójimo”, por lo que el “amar” es “el cumplimiento de la ley”
 Esto que nos dice el Apóstol Pablo nos plantea a nosotros una cuestión:        ¿son mis acciones una bendición para los demás?
Una cuestión que todo cristiano debería de plantearse en su trato con su prójimo en tanto Dios demanda de él el cumplimiento de primer y segundo mandamiento en importancia.

Una descripción del amor fraterno
El amor debe ser sincero
Vamos a leer en Romanos cap. 12 vers. 9 al 13.
 La principal característica del amor fraterno debe ser la “sinceridad”. Una forma de verse la sinceridad del amor fraternal es cuando “se aborrece el mal”, ya que el amor no tolera ni soporta las diversas maneras en que se expresa el mal.
Y como dice el refrán “obras son amores y no buenas razones”, es decir debe darse a conocer en acciones en lo práctico y no sólo en promesas y palabras de consuelo.
La sinceridad del “amor fraterno” también queda evidente cuando damos preferencia al otro sobre la nuestra, cuando el trato es como si se tratara de la familia. Un creyente que ama sinceramente es un creyente comprometido con el bienestar de la familia cristiana.
Otra expresión del amor sincero es la honra que tributamos a los demás a través del respeto y la consideración que les otorgamos.
Quizás todo esto que venimos diciendo nos parece muy bien y es bien acogido cuando las cosas van bien y sosegadamente, pero en situaciones difíciles y cuando las cosas no van tan bien ¿cómo podemos mantener una actitud de amor?
El Apóstol Pablo anima a los creyentes a mostrar una actitud de amor aún en la adversidad; para ello, es necesario que el creyente mantenga una esperanza gozosa y firme en tiempos difíciles. Sólo una persona que está gozoso y lleno de esperanza puede amar a los demás sin fingimiento en tiempos de adversidad.
El amor debe buscar la armonía
Vamos a leer en Romanos cap. 12 vers. 14 al 21
 Otra cualidad del amor fraternal es que fomenta la armonía en aquellas personas que están de nuestro lado y la busca con aquellos que se muestran contrarios a nosotros.
 En este pasaje que hemos leído se nos muestra lo que significa vivir en armonía con quienes son cercanos a nosotros, aunque estén pasando diferentes circunstancias; así pues los cristianos tenemos que sintonizar, mediante el amor fraternal, con aquellos que nos rodean; llorar con  los que lloran,  compadecerse con los que sufren, gozarse y disfrutar con los que triunfan, etc. Esta armonía a la que el Apóstol Pablo nos llama requiere mantenernos firmes en la humildad para con los demás (nadie es más que nadie; ni nadie es mejor que nadie) buscando como meta el “identificarnos” con los demás para conseguir esa adaptación necesaria para conseguir la armonía con los demás. De esta manera las diferencias individuales (étnicas, de raza, status social, cultural o económico) no destruirán la armonía del amor fraterno.
 Lo contrario; la altivez,  la arrogancia etc.,  es el enemigo peligroso del amor fraterno, porque estas actitudes fomentan los sentimientos de superioridad y con ellos la desunión y el aislamiento impidiendo la proyección del amor fraternal.
 La cuestión ahora  es ¿si es posible vivir en armonía y amor fraternal con personas a quienes no le somos simpáticas e incluso nos tratan mal?
 La respuesta es obvia: Sí. De hecho el ejemplo máximo de esto nos lo dio Cristo, quien desplegó amor fraternal y vivió en armonía con todos, incluso aquellos que lo querían mal y lo buscaban para matarlo.
 Podríamos pensar que esta cuestión para nosotros nos pueda resultar más difícil.  De todos modos, el Apóstol Pablo nos dice: “Que debemos bendecir y no maldecir”  a todo el que nos persiga como reflejo de lo que el mismo Jesús dijo y que nos refiere Mateo cap. 5 vers. 44. A fin de cuentas esto es la puesta en acción del mandamiento de Jesús en cuanto a “amar a nuestros enemigos”, así que, aunque difícil pueda serlo, el cristiano tiene que prepararse y madurar espiritualmente para hacer posible el cumplimiento de este mandamiento de Cristo.
 Además, Pablo nos indica que no hay una base bíblica para “pagar mal por mal”, sino todo lo contrario, debemos estar en disposición de devolver bien por mal, para lo que hay que prepararse y llegar a permitir que el Espíritu Santo controle nuestro yo y nuestros sentimientos.
 Los creyentes estamos llamados a estar en paz con todos, a pesar de que haya gente que no quieran estar en paz con nosotros. Pero el llamado no es a compartir una paz con todos, que sería lo ideal, sino a que nosotros estemos en paz con todos, para lo cual debemos poner en práctica la armonía del amor fraterno.
 ¿Cómo nos deben afectar a los cristianos las ofensas de las que pudiéramos ser víctimas?
 Está claro que en el repertorio del cristiano no existe la posibilidad de la “venganza”. La venganza, en todo caso, es del Señor. Y Proverbios cap. 25 vers. 21 y 22 nos dice como tiene que actuar el creyente.
 El versículo 20 y21 de Romanos 12, que hemos leído dice: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber. Así harás que le arda la cara de vergüenza.” No te dejes vencer por el mal. Al contrario, vence con el bien el mal.
 Si cada persona, grupo o país, en conflicto se guiaran por esta enseñanza en la solución de sus diferencias no habría tantas muertes, tantos linchamientos ni tantas guerras como hay en la actualidad en nuestro mundo.
 ¿Cómo somos tan necios de haber vivido tanto, haber desarrollado tanta tecnología y ciencia y no darnos cuenta de que Dios desde la fundación de mundo puso a nuestra disposición la solución de nuestras diferencias, que tanto mal nos hace y nos destruye?
 ¿No ven, lo que al principio pudiera parecernos un razonamiento difícil de asumir (paga bien por mal y amar a tu enemigo) no está falto de lógica y de sentido positivo; quien paga mal por mal ¿qué gana?
El amor fraterno en acción
El que ama acepta a quienes son diferentes
Vamos a leer en Romanos cap. 14 vers. 1 al 4
 Una de las cosas que pone a prueba y puede, en ocasiones, atentar contra el amor fraternal, es la “la diferencia de opinión”, es decir, quienes no opinan como nosotros en determinados asuntos, sobre todo en asuntos de conciencia.
 Como hemos leído, el Apóstol Pablo nos refiere que tenemos que “no juzgar a nadie ni contender sobre diferentes opiniones”, ya que él sabía muy bien que los desacuerdos respecto a asuntos de conciencia terminaban en posibles causas de división entre los hermanos. Y además, curiosamente, asuntos que en la mayoría de los casos no suelen ser trascedentes para la fe en Cristo (como en el caso que nos cita en Apóstol sobre las diferencias de opiniones entre los romanos sobre el comer o no carne por cuestión de conciencia)
 El apóstol Pablo, si hace una observación sobre una práctica muy común en estas situaciones; por una parte, hay quienes permiten determinada práctica y consideran a los que no la permiten como legalistas o faltos de entendimiento; por otra parte, los que no permiten determinada práctica, consideran a los que la permiten como carente de espiritualidad.
 El Apóstol muestra su desaprobación a ambos tipos de actitud y hace un llamado a los creyentes a aceptar a los “que son diferentes”, ya que el mismo Dios los acepta y no hace acepción de personas. Nadie debe ni puede juzgar a nadie, porque el que Juzga es el Señor y todos darán cuentas ante Él.
El que ama, no menosprecie a nadie
Vamos a leer en Romanos cap. 14 vers. 5 al 10.
 Otro aspecto relacionado con el amor fraternal que el apóstol Pablo refiere es el menosprecio a otras personas por el hecho de no seguir determinadas costumbres o tradiciones religiosas como uno las tiene.
 Los judíos cristianos tenían muchas fiestas ligadas a sus creencias religiosas que celebraban celosamente y los gentiles cristianos no, con lo que estos últimos no guardaban estas fiestas ni practicaban determinados rituales. Esto produjo una actitud de menosprecio de unos creyentes respecto de otros.
 Pablo sale al hilo de estas actitudes indicando que lo más importante es “honrar a Dios”; por lo tanto lo que cada cristiano tiene que estar convencido en su mente es que con lo que hace esté honrando a Dios.
 Una vez más se repite el criterio de que nadie debe ni puede juzgar a nadie, porque el que Juzga es el Señor y todos darán cuentas ante Él. Ningún cristiano vive para sí mismo o muere para sí mismo, sino que sucede para Dios. Por tanto a Él solo se ha de dar cuentas.

R. Raja 20111108

 

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